Visualizaría su imagen por primera vez en mitad de una noche abandonada a mi suerte. Los sonidos, mis recuerdos y sensaciones se habían desvanecido con las tantas lágrimas derramadas. En silencio, la mirada sepultada en un horizonte de tono azul marino… bebía un sentimiento indiferente, ya el salado de mis lágrimas se deshacía al resbalar por mi rostro y el brillo de mis ojos se volvió opacidad con la nocturnidad del bosque.
Sentada en las faldas de las enormes encinas y recostada sobre su tronco, pude verla… Una joven muchacha caminaba en dirección a las aguas del río que corría próximo a mí, arropado por el propio bosque y sus interminables senderos.
Se apreciaba el crujir de las hojas resecas con el lento paso de la joven, sus pies desnudos se hundían en la tierra mojada…
Desde aquel instante, quedaría absorbida por su bella imagen.
martes, 19 de febrero de 2008
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